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14 febrero, 2017

Un maratón no son 42 kilómetros

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Campeones sin medallas; fondistas sin una sola zancada… Ganadores de Records que no copan portadas de periódicos. De los que nadie habla, porque no venden; porque son reales. Esos son los héroes de verdad, los que luchan en mi sala de entrenamiento.

La gente se sorprende cuando les digo que cualquiera puede correr un maratón solo, sin aglomeraciones y sin ponerse una camiseta de running. Hay muchos tipos de maratón. En tiempos donde parece que “no haces nada” si no consigues una proeza deportiva vinculada más al rendimiento que a la salud como triatlones, duatlones, ironman o maratones, quiero reivindicar que un maratón no es correr 42 kilómetros.

El maratón significa supervivencia. Filipides, el soldado griego que en el 490 a.C., recorrió más de 200 kilómetros para avisar a los espartanos del desembarco persa en la ciudad de Maratón, os aseguro que su última intención era ganar una medalla, lo que quería era salvar a su pueblo… Sobrevivir. La sorpresa se ciñe a la propia historia: El maratón no tiene sus orígenes en el rendimiento.

Cada uno tiene sus metas y no todas consisten en rodar largas distancias. Hay carreras de fondo mucho más duras: moverse cuando la quimio te agota es una de ellas. Ir a entrenar y dejar el sillón cómodo del salón de casa, negociar con uno mismo la forma de alimentarse en determinados momentos; ser capaz de levantarse cuando me he caído, incorporar el entrenamiento a la rutina; ganar consciencia corporal; aprender a escuchar al cuerpo; pasar un obstáculo, botar un balón, subir un escalón sin fatiga, salir a rodar por el río sin más pretensiones que disfrutar de lo que haces, sin sufrir… Todos estos son los maratones verdaderamente importantes.

La actividad física no es una meta, es un medio para conseguir un fin que va más allá de un número de kilos y kilómetros, cuyo éxito no se traduce en medallas. El valor del ejercicio se obtiene cuando lo hacemos de forma continuada y se convierte en un habito.

Cada uno tiene su propio maratón y ninguno es menos importante que otro. Está bien admirar a quienes corren 42 km, pero sin que ese modelo, repito vinculado al rendimiento y no a la salud, cause frustración a quienes compiten en otro tipo de maratones que pueden ir desde levantarse del sofá, pasando por subir una escalera y terminando por coger una bicicleta para ir al trabajo.

“Por qué cuando hiciste “aquel ejercicio”, sin darte cuenta, dejaste atrás muchas cosas… Quiero que no las olvides, que las recuerdes, que las superes…”. Porque un maratón no consiste en correr 42 kilómetros.

Por Sara Tabares, entrenador personal en Valencia, periodista y directora de PERFORMA Entrenadores Personales. Puedes leer el resto de sus artículos aquí.

 

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Sara Tabares

Directora de PERFORMA Entrenadores Personales, Máster Universitario en Actividad física y Salud, MAT Jumpstart Certified, directora del programa "Ser Saludable" en Cadena SER y colaboradora de BeOk, también en Cadena SER.


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